Fetiche: Ese objeto de deseo

Un bolígrafo, una camisa o una carta pueden ejercer como objeto fetiche. Es recurrente y se observa a diario en la conducta cabalística de algunas personas. Mucha gente necesita impulsos mágicos para superar la debilidad de carácter, los momentos anímicos bajos o las inseguridades propias de su personalidad.

fetiche-3-655x368

Si van a buscar trabajo, se encomiendan a aquel bolígrafo “de la suerte”; si van a ver un equipo de futbol, se visten con la misma camisa que el domingo anterior les dio suerte y si deben hacer un examen, la fortuna es convocada mediante aquel vestido o aquellos zapatos. Le otorgan valores y propiedades especiales a cosas inanimadas, que pasan a tener un significado fundamental en momentos especiales de su vida.

El sexo brinda instantes muy especiales y también muchos fetiches que provocan deseos con diferentes intensidades. El objeto elegido transmite protección, infunde seguridad a la persona, de manera que nunca podría ser una tarántula o un escorpión, por ejemplo, cuyas connotaciones negativas son evidentes.

Las variantes de los objetos de deseo se inscriben en 2 áreas: las partes del cuerpo u objetos inanimados. Entre los primeros, la fijación pasional se centra en los pechos, las nalgas, los pies o el ombligo, entre otros. Mientras que al momento de elegir fetiche entre los inanimados, estos pueden ser innumerables; aunque con mayor frecuencia se escogen zapatos, ropa de cuero o de piel, bragas, sostenes, boxers o corbatas, entre otros muchos.

No suele ser casual la elección del objeto que despierta semejante pasión incontenible. Se debe a un condicionamiento o a una conducta aprendida en dos de las etapas en las que un niño tiene mayores impulsos sexuales: entre la primera infancia y la edad pre-escolar y, luego, durante la pubertad. En esas fases del desarrollo ocurre algo que queda registrado en la mente y afectara más tarde al comportamiento sexual del adulto.

El camino para que un objeto se convierta en fetiche se forma con el tiempo en la mente del adolescente, que identifica unos zapatos o determinada lencería, por ejemplo, con un mensaje de afecto y de protección de su madre o de una mujer del entorno familiar próxima a él, cerca del cual se siente animado, seguro, protegido y excitado. Durante este proceso inconsciente se va cultivando ese reclamo interior que reconoce esos objetos con un mensaje de sensualidad y erotismo. Así que determinadas cosas, como por ejemplo un calzoncillo, empiezan a ser relacionadas con la libido, de forma que la persona crea una predilección, una afinidad muy singular hacia un objeto determinado, que con el tiempo será el objeto del deseo.