“No soy porno coreano”: Protesta femenina en Seúl

El 9 de junio  22.000 mujeres salieron a las calles de Seúl, capital de Corea del Sur en rechazo a la terrible y muy popular práctica entre los hombres de usar cámaras ocultas en lugares públicos para grabar las partes íntimas de mujeres coreanas. Las surcoreanas marcharon con pancartas que exclamaban: “Mi vida no es tu porno” y “No soy ‘porno coreano'”, entre muchas otras. La manifestación se ha catalogado como la protesta de mujeres más grande en la historia del país, superando en número una marcha similar del 19 de mayo, cuando a las calles salieron más de 12.000 mujeres, según publica el diario The Hankyoreh.

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Los mirones coreanos instalan pequeñísimas cámaras espías en las paredes de baños públicos y hasta en retretes y hasta en sus zapatos para grabar en plena calle o en el transporte público lo que logran ver por debajo de las faldas. Las grabaciones de este tipo se difunden muy rápido en Internet y redes sociales y han logrado formar su propio género del porno, conocido como ‘molka’, que se vuelto muy popular entre la población masculina de Corea del Sur.

El acoso contra las mujeres con el uso de cámaras de móviles y cámaras ocultas en objetos de la vida cotidiana despertó la furia entre las surcoreanas, con más fuerza aún,  después del arresto de una mujer  por difundir las imágenes de un modelo desnudo, que posaba en una clase de arte, sin su consentimiento.

Según sondeos y registros policiales, entre los años 2013 y 2017 en Corea del Sur se registraron más de 6.000 casos de espionaje con cámaras ocultas, aunque su número aseguran que puede ser mucho mayor. De ellos, la mayoría de los agresores fueron hombres. A diferencia de numerosos  casos similares en las que las víctimas fueron las mujeres, en aquel caso la Policía actuó rápido e hizo desfilar a la mujer ante las cámaras de los periodistas con una máscara puesta.

Muchas mujeres vieron mucha parcialidad en la actuación de los agentes, ya que hay muchos agresores hombres que evitan la persecución. Ha Yena, quien encabeza la ONG Digital Sexual Crime Out (DSO) que se dedica a la asistencia de las víctimas de grabaciones con cámaras espías, fue testigo de un caso en el que un hombre chantajeaba a una mujer, pero la Policía no lo detuvo, ni le hizo ningún tipo de cargos.