Transformar la masturbación femenina en ceremonia

Para una mujer clara y sincera con su sexualidad, es sumamente sensual comenzar el rito masturbatorio, cuando lo asume como una “ceremonia”, tomando un relajante baño caliente de agua perfumada con esencias que estimulen tus sentidos: sándalo, pachulí, o cualquier otro aroma intenso.

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Luego, echarse desnuda en una cama con sabanas limpias y aromatizadas o en un cómodo sofá….y dejar en libertad su fantasía, en la que pueden intervenir, o no, imágenes masculinas, mientras se acaricia todo e l cuerpo incidiendo en las zonas donde siente que se concentra la energía, para despertarla y que fluya con total libertad.

Lo demás es simplemente dejarse llevar y experimentar como la corriente de excitación invade cada punto de la piel, hasta que se produce el orgasmo, aunque no sea ésta la única meta, sino también aprender a conocerse en esta experiencia para poder compartirla más tarde.

Otra experiencia que no olvidaras, es masturbarse a dos. Sin olvidar ningún rincón del cuerpo, para transformarla en una experiencia vital que hará crecer tu energía sexual: apretar el miembro de tu pareja en el hueco de la axila, entre tus nalgas entreabiertas o entre tus pechos, a la vez que los dedos estimulan los pezones o el clítoris, produce un deleite incomparable.

Por su parte, ella puede situarse encima de él y con los labios exteriores de la vulva bien abiertos, puede masturbarse haciendo movimientos ascendentes y descendentes sobre el falo, mientras se toca los pezones y él le acaricia al mismo ritmo las nalgas o traza un recorrido erótico con sus dedos entre el perineo y la zona tierna que rodea el anillo anal.

Él siempre se excita sobremanera auto erotizarse hasta el punto máximo, pero sin llegar a descargar su tensión sexual en el orgasmo, deteniéndose en el umbral con sencillas técnicas como contraer los músculos del bajo vientre o pellizcarse suavemente el perineo, para que la erección sea cada vez más firme y se mantenga durante más tiempo.

Ella se masturba observándose en el espejo y disfruta doblemente: con el placer que se provoca a sí misma y con la imagen de su excitación, que le permite fantasear con otras manos que la están masturbando.

En cuanto al hombre, puesto que el sentido de la vista es un poderoso afrodisiaco natural, la sola visión del falo recto y el glande emergiendo desafiante entre sus manos, reflejado en el espejo le provoca fantasías que lo trasladan al instante previo de la penetración.