Hablando de perversiones inconfesables

“La única manera de que las sexualidades no convencionales dejen de estar proscritas es hablando de ellas con naturalidad”, explica Rodas, sexólogo, psicólogo, terapeuta de parejas y experto en sexualidades no convencionales. “Si la pareja que nos interesa nunca ha tenido contacto con estas prácticas, hablemos del tema con normalidad antes de que suceda. Si nuestro recién estrenado amante se encuentra de repente conque le sacamos unos amarres para atarlo a la cama, quizás no reaccione como esperamos. ¿Para qué arriesgarnos? El sexo esporádico no convencional solo surge cuando nos conocemos en el entorno apropiado, una fiesta acorde a esa sexualidad no convencional, por ejemplo. No siempre nos gustan personas que ya conozcan esta sexualidad, lo cual no quiere decir ni mucho menos que no puedan entregarse a nuestra causa si los seducimos contándole qué queremos hacer, cómo, qué podrá pasar y por qué queremos hacerlo”.

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“Una de mis perversiones favoritas consiste en atar a mis amantes de manos y pies en la cama, vendarles los ojos y masturbarlas lentamente. Me gusta comprobar cómo van excitándose poco a poco, hasta que pierden el control por completo. Empiezo lentamente, utilizando a veces los dedos, otras veces un vibrador y a menudo mi propia lengua. La mujer no puede escapar ni cerrar las piernas, pero además me gusta que una vez que ha alcanzado el orgasmo, seguir estimulándola. Es decir, si ella se corre yo le abro aún más las piernas para que mi lengua o el vibrador siga haciendo de las suyas. Eso hace que enloquezcan. Tener ese absoluto control sobre ellas es mi particular orgasmo. Me siento mucho más poderoso que cuando eyaculo. Y después, si hay o no penetración, ya lo decidiremos”.

“Algunos necesitamos algo más que un ventilador para tener el sexo que nos gusta”, confiesa entre risas Mae, una mujer que practica el sexo gomoso, ese en el que participa  el látex y las sensaciones a flor de piel. “Los vestidos de seda y el raso se multiplican en mi ajuar para que mi piel sea el oscuro objeto de deseo. Mi sexualidad pondera las caricias, los roces, la excitación por el simple roce. Ni siquiera en invierno puedo tener sexo gomoso todos los días, pero sí que he aprendido a centrarme en lo que verdaderamente me gusta y en mi caso, no solo quiero una estética determinada proporcionada por las prendas de látex, necesito que el tacto sea el eje central de mi sexualidad”.